TRONCO SECO

Mis propias ramas me enredan,
se retuercen por los labios malditos,
asfixian metiéndose por la conciencia,
se hacen fuertes con la sal
que corre por mi centro
desbordado de pasiones.
Tendré que podar todos los ganchos secos,
los que murieron con cada ráfaga de ardores y desganos.
 
Humedecer nuevamente con caricias las noches
en soledades propias y ajenas,
las tardes frente a un crepúsculo incierto,
los soles truncos de las despedidas.
Si logro revestirme de verdes,
veré si basta un solo de lloviznas suaves
que me humedezca y me haga florecer,
si basta una garganta con voz
que pueda gritar un nuevo nombre
sin que el tuyo arda,
y raspe las paredes internas de este tronco seco.
Esperaré el milagro de la vendimia,
y entre fruto y fruto,
trataré de poblar de colores
este cuadro de desolación.
Ilusa espero,
bastaría que llovieras sobre mí todas tus ansias.

Carmen Amaralis Vega

VUELO EN LA NOCHE

Se escucha la risa irónica de los duendes,
mientras la luna verde sobre el mar
recibe en su piel la caricia del pitirre.
Rasga su sabia con su pico negro,
y los rizos de bronce se deshacen en la orilla.
Las alas rozan el silencio íntimo,
sembrando el aire espeso de rimas nuevas.
Con su vuelo se calma la locura
que no entiende de ansias y plumajes de plomo.
Se diluyen los deseos
en lava de cielos lejanos,
y se aduerme la inocencia en la noche
de estrellas regaladas.
Entre negros y verdes
se recobra el canto del poeta.

Carmen Amaralis Vega

ATADA A TU ESPALDA

En la puntita de los pies,
retorcida.
Así, tratando de alcanzar lo inalcanzable,
escudriño esa escurridiza mirada.
Te vas yendo de a poquito,
agua tibia sobre pecho febril,
puño apretado,
cordón atado a mi garganta.
Logro el contacto,
Iris con iris,
Me pierdo en tus cavidades
Y descubro un desierto en confusión.
Arenas movedizas te hunden en deseos,
camas esperando, crujir de dientes.
Y dejas mi cuerpo, ahí, rígido,
sufriendo,
para seguir anegándote
en otras aguas,
mientras me amarro
a la imagen de tu espalda
para no volver a morir.


Carmen Amaralis Vega

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