LLUEVE GRIS

Llueve fino,
Llueve
y no para,
Y esa lluvia de alfileres cae en el rostro,
sobre el cuerpo,
sobre el alma.
Se desprende la hostilidad interior,
te reclama.

El sentimiento de amor duele
en esta soledad mojada.
Soledad fría y lenta,
soledad oscura,
mustia,
desgarrada.

Tristeza que penetra las grietas.
y solo consuela la humedad en la piel,
Piel que florece en la niebla,
Piel que espera que en alguna esquina
aparezca el fantasma de tu amor
a recoger una a una las flores
que arropan mi espíritu deseoso.

Cuando aparezcas
entonces ocurrirá el milagro.
Suplicaré que llueva para siempre,
Mientras me vierta en pétalos sobre ti.
De algo ha de servirnos
esta endiablada nostalgia.

Carmen Amaralis Vega

AMANTES EN LA NIEBLA

No cesa este llanto interior.
Te veo en cada gota de lluvia,
húmedo y triste.
Presiento el dolor de tu silencio,
distante queja de tu propio abandono,
falta sutil del tacto que revive.
Procuro suavizar este frio
que se cuela con la lluvia,
salpicando cada poro del alma.
Tu fantasma se apodera de la tarde
en el preciso momento
en que aparecen las sombras.

Esas sombras malditas que se burlan,
Y retumban los lamentos
en las cavidades internas,
sabemos que el llanto no nos salva.
Las penas laten en un ritmo acelerado.
Ritmo amargo que carcome
la cal de los huesos.

Me ahogo en preguntas,
maldigo mi impotencia.
Cuanto diera por tenerte a mi lado,
forrarte tibio entre mis brazos,
cubrir las grietas que diluyen la vida,
deseando que fuéramos otra vez:
Yo, mujer vieja de amor,
Tu, hombre que siempre ha vivido en mí,
sofocándome de angustias,
nublando mi sol de cada día,
Nosotros: amando como locos fantasmas del ayer.

Carmen Amaralis Vega

TE QUIERO ÁNGEL

Cómo pretendes que te comprenda.
Solo dices palabras necias.
Solo miras la forma de mi cuerpo
No el fondo.

Ese fondo en carne viva, espíritu vivo.
El alma está gritando y no escuchas,
sátiro enardecido.

No escuchas la lágrima que rueda por el cristal de la pureza.

Y quedan mis valles esperando el bullicio de la vida,
Y las venas con sangre hirviendo,
Mientras se me pueblan los ojos de tristeza,
Suplicando me entiendas.

Perdóname por quererte así.

Revoloteando entre tus ganas
y mis deseos de entenderte.

De entender lo que me pasa cuando estoy contigo.
Ese temblor de la luz que me nubla,
Ese frío sobre los pétalos en mis manos,
Y un triste suspiro de impotencia que se escapa
Cuando quiero asirte a mi cintura
Sin que la carne me reclame
Y brille la lujuria en tu mirada.

Te quiero puro,
Pero sé que ángel no eres.

Carmen Amaralis Vega

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