ANTE TU TUMBA

(Homenaje a Don Ismael Vega Martell, mi padre)


Hoy estuve ante tu tumba
Y fluyó suave y en silencio
el río de nuestras vidas.
Me vi niña de tu mano,
mano fuerte y grande,
mano siempre generosa.
Tu llegada al hogar,
después de un día de pesca
era siempre una fiesta:
Camarones, langostas y ostiones.
La felicidad reinaba,
como reina una cazuela de mariscos frescos,
si la madre es eficiente y ligera.

 

Hoy miré con calma tu tumba,
Coloqué flores y te pensé,
como se piensa el amor
después de un día de lluvia,
como se aceptan caricias tiernas.
Y vi las veces que tomados de las manos
me llevaste al colegio.

 

Cargabas mis libros con amor sincero:
- A estudiar mi niña, que es lo único que te dejo.
Pero dejaste mucho más,
mucho más que esos momentos.
Nos dejaste esta vida que tenemos,
Y la fe del amor
floreciendo en mis recuerdos.

 

Carmen Amaralis Vega

TRINO SONORO


Te quería ver volar,
sin que dejaras el nido.

Verte libre y feliz,
eso quería.

Fue tan corto el amor en mi regazo.

Bastó escuchar una noche tus quejidos,
tus ansias de libertad,
de calor nuevo.

Imposible retener un alma errante,
impedir soltaras mis lazos,
rechazaras ilusiones tibias,
si deseabas fuegos
de madrigueras ardientes.

Y ahora yo,
corazón tatuado
con un hueco en el centro,
trino sonoro de temores viejos,
delirando en las angustias de perderte.

Aquí sola,
triste,
inerte,
con las ruinas de un nido abandonado
y estas ansias de ti.

¡Mi sangre vuela contigo!
 
Carmen Amaralis Vega

EL CHASQUIDO DEL AMOR

Puedes irte – Te dije,
abriendo las compuertas al futuro sin ti.

Un sudor frio traspasaba mi alma,
el temblor cubría mi cuerpo.

Asustada, encogida, pequeña,
Y un bosque negro ante mis ojos nublados,
la soledad acomodándose en mi espacio,
y una taza de café vacía en la mesa.

Miraste el camino,
calculaste los malabares del dolor,
recordando nuestras vidas enlazadas al deseo,
a mi vientre preñado de ilusiones mustias,
al beso en la frente al acostarte cansado,
y un relámpago de miedo recorrió tu corazón.

Nos miramos en lágrimas,
siguió un silencio eterno, y luego:
un abrazo estridente,
un perdóname sonoro…
Y finalmente…
el chasquido de los huesos
con el triunfó el amor.
 
Carmen Amaralis Vega

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