SER YO

Ser yo
Entre tantas, ser yo,
Yo, la elegida.

Yo, que cargo las sombras del universo,
que estoy cubierta de pozos profundos,
tan profundo como las tinieblas del dolor.

Yo, que entregué el alma al infierno
cuando me hablaron de despedidas,
cuando en un segundo aniquilaron mi vida,
dejándome moribunda en el jardín.

Aquel jardín donde una vez me llevaron al cielo.
Y me vuelvo a preguntar mil veces,
por qué entre tantas me escoges a mí,
si solo tengo para ofrecer melancolía y tristezas.

Si al mirarte a los ojos,
es otra luz la que ilumina los recuerdos,
y se nubla mi vista en remordimientos.

Pero estoy resuelta,
hago un pacto con la vida,
desde ahora trataré de sentir
como se siente la ternura en la piel joven,
como palpitan los labios con un primer beso,
y se despierta voraz un deseo loco de amar.

Es que el corazón me grita: Te lo mereces.
 
Carmen Amaralis Vega

ERES SABIO


Te observo a distancia y sonrío,
con la sonrisa del que siente
en sus venas la esperanza.
 
Abejita laboriosa sin paga,
sin esperar miel de mis manos.
Sigues labrándome la vida,
cuidando mi jardín,
arrancando mis abrojos,
saciando la sed de mis silencios.
 
Eres fuente de paz, sabiduría.
 
Controlas el oleaje febril de mis desvelos,
cuando quiero arrancar de mi pecho las espinas,
cuando grito desesperada para llenar mis vacíos,
cuando el eco retumba en mis entrañas,
Y mis bóvedas de cristales se fragmentan.
 
Sabes ponerle juicio al desvarío de esta vida a cuestas.
 
Eres luz diamantina en mis adentros,
manantial fresco que limpia mis heridas,
pájaro que me prestas sus alas
y se queda en la orilla picoteando mis desganos.
Sabes valorar mi locura.
Eres sabio en tus juicios
Eres sabio y te amo.
 
Carmen Amaralis Vega

CORALES DE AMOR

No hay minuto de la vida
que no esté bien calculado,
el brillo de la mirada para cargar
las caricias del que me dice su dueño.
A lo lejos espectros susurrantes
dibujan los bordes delirantes del empeño.

Y siento como calculan este bendito silencio
para labrar la sonrisa,
para decir los ¨te quieros¨
bañados del sudor fuerte
provocado por mis besos.

Todo cuadra bendecido,
hasta en la siembra del huerto
donde nacen ruiseñores,
donde se murió mi perro.

En los domingos tranquilos
es cuando más lo venero
porque siento sus caricias
penetrarme hasta los huesos.

Todo está bien calculado
y yo vivo en mis silencios
agradecida del viento
que sopla sobre mi vientre
donde se engendra el paisaje
que guarda nuestros anhelos.

Tengo corales de amor entre los dedos.
 
Carmen Amaralis Vega
 

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