DE MIEDOS Y ALAS

Afortunada yo que tengo alas,
Sí, alas fuertes.
Pero hay cosas que me asustan,
que  ponen mi alma a temblar.
Esos ojos que me miran huérfanos de cariño,
desenfrenado,
ardiente,
sumido en la espera de la luz para volar.
Esas manos que quieren dar tantas carisias
que siento mi piel en llamas.
Me asusta la fuente de tu boca
que sabe succionar la savia de la vida.
Vida en desiertos florecidos
Vida  en pedregales de ardores derretida,
deseando tu humedad sagrada
tus  lágrimas de placer.
Tengo miedos de esas cicatrices
que dejan los delirios compartidos,
rodeados de mis querubines,
de mis niños celestiales.
Arropados con un ángel lujurioso
Custodiando este amor de ardientes madrugadas,
Cruzando mares.
Sí, sé que venceré los miedos,
Los  terrores ocultos
Porque soy afortunada  venceré.
privilegiada yo, que tengo fuertes alas
Para volar hasta ti
y  fundirnos
en esta imaginación febril.

Carmen Amaralis Vega
 

SINFONÍA DEL CUERPO

Hoy deseo producir la sinfonía.
Que el alma llegue a ti en espirales,
Y un duelo de violines se diluya
entre tu mirada y la mía.
Deseo un solo de trompetas al tocarte,
y  que sigan las notas saltando en armonía
en una danza frenética de amores.
Quiero el harpa acariciar tu rostro,
que señale el punto rítmico de tus labios al saborear los míos
para que los timbales enloquezcan de celos
al sentir el fuego que desprenden los cuerpos.
Hoy no estoy para nadie.
Necesito silencio,
¡Que se callen los necios!
Quiero sentir las teclas con la piel de mis dedos
Y entre mi (Re) y  tu  (Sol)
Impedir  que se escuchen  los quejidos del cuerpo.
Porque para la música
son tan importantes las notas como los silencios.

Carmen Amaralis Vega Olivencia (CAVO)

FLOR DE LUZ

Cuánto deseo tu flor.
Esa que solo rosa la piel
sin dejar grietas.
Que embriaga suavemente
hilvanando caricias,
arropándote en ternuras
sobre lecho de perlas y espuma.
Deseo tu flor
Y ser estanque donde floten tus pétalos
haciéndome surcos
justo donde comienzan los deseos.
Y en delirio horizontal
deshacerte en mi centro.
Y quedes ahí,
adormecido,
germinando tu luz en mil destellos.

Carmen Amaralis Vega

 

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