EN LA ESPERA

Sentí el estallido de luz,
cada átomo vibró en los contornos de la espera, allí quedó en cuclillas.

 

Cómo dejar que las sombras lo cubrieran
si hasta la última gota de agua no saciaba, si todo el estiércol era recogido por sus manos, rellenaba las tumbas del infinito.

 

Cómo besar las rosas desechas por el viento sin percibir su fragancia al rozar el olfato desesperado.

 

Allí quedó sin sueño. Los arcángeles le miraban distraídos, su oración no era escuchada, y un hambre voraz destrozaba su interior salpicando de muerte las últimas pestañas.

 

Era una noche de amor,
pero no se enteraba, su tortura le vencía.

 

Era un deseo arremolinado en el alma,
pero no reconocía a su amada.

 

Allí quedó en cuclillas esperando cesaran los vientos y se calmara la ira del cosmos.
Esperando se restableciera  la vida
como se restablece la muerte, lentamente.

Carmen Amaralis Vega

VIENTOS DE 250 KILÓMETROS POR HORA

Tiembla la tierra,
todo corre despavorido.
Plumas mojadas tratan de alzar vuelo,
y veo las nubes al borde de mis manos.

 

Así  sufre la golondrina,
así lloran las cascadas sin rumbo,
vertidas en la tierra ajena,
mojando de un golpe bordes ajenos,
arrancando de raíz las azucenas.

 

Así llora la tierra, y no cesa,
tímidos insectos tocan mi rostro,
iluminan noches en tinieblas.
Solo un zumbido nuevo entretiene,
y la noche se hace eterna.

 

Tiembla la tierra
y agradece le arranquen los excesos,
de momento todo reverdece,
y reconozco las bendiciones
de esta aparente condena.

 

Carmen Amaralis Vega

ME VOY DE VIAJE

 

Después de setenta años de preparación, ya estoy lista para hacer el viaje. He aprendido a comunicarme en ese idioma que trasciende más allá de mi entorno. Mis ojos podrán distinguir esa masa gelatinosa que conforma a los que encontraré.

Espero que esas criaturas vivas no se asusten con la forma tan definida de mi cuerpo sólido, aunque sabemos que estoy hecha de un 80% de agua, agua de mi planeta. Tampoco estoy segura de si a otras presiones atmosféricas, lejos de esta galaxia, este cuerpo mantendrá la forma a la que estoy acostumbrada cuando me miro a un espejo.

Debería estar ansiosa, pero no lo estoy. Tengo una extraña convicción  de que, a donde llegue, encontraré las mismas preocupaciones que en esta Isla tropical, de donde vengo. Estoy convencida de que cualquier forma de vida siempre busca la felicidad y la paz, fuente y esencia infinita del Creador, aunque sea muy difícil vencer la inclinación a la dejadez y el egoísmo, razón de ser de todo hoyo negro.

Arranco mi nave, y voy encomendando mi viaje a la Gran Energía positiva del Universo, confío en que me lleve directo a ese lugar soñado de absoluta belleza.

 

 

Carmen Amaralis Vega

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